Campeonato del Mundo de Laser Radial - Cascais 2007.

IMAGINEN LECTORES...

Desde Cascais (Portugal): José Ramón Callén Rodríguez. (Preparador físico de Alicia Cebrián).

Imaginen lectores. Imaginen que acaba de comenzar el Campeonato del Mundo ISAF en Cascais (Portugal). Imaginen que se concentra en ese punto de la costa lusa lo mejor de lo mejor en todas las clases olímpicas. Imaginen que hace sol y que el viento golpea con fuerza, hasta el punto de ser capaz de empujar a los organizadores a colocar en el eslogan publicitario de esta competición la siguiente afirmación: “The wind is calling” (El viento está llamando). 

Pues bien, hasta aquí la imaginación ya que, a partir de ahora, todo lo que viene es real, aunque en ocasiones pueda parecer lo contrario. ¿Qué forma parte de lo real?. Pues que después de meses y meses de durísimo trabajo para preparar esta cita como la competición principal de la temporada 2006-2007, la flota internacional se enfrentó desde el día cuatro a las cuatro primeras mangas del Mundial de Laser Radial, con un viento muy rolón de entre 10 y 20 nudos. Oscilaciones de hasta 30º han hecho hasta el momento que el compás sea el mejor aliado para encontrar el trazado ideal en un mar donde, con estas condiciones, la ola es casi inexistente y la fortaleza física es un factor clave para volar sobre las aguas. 

En ese contexto de realidad se encuentra Alicia Cebrián. Hasta tal punto ha preparado esta competición, que ya viajó a estas tierras en mayo para entrenar durante una semana entera en Cascais tratando de conocer así las condiciones de navegación que se encontraría en el Mundial. Todo preparado, todo estudiado, todo listo para los seis días de competición al máximo nivel: entrenamientos en el agua, preparación física, nutrición, horas de sueño, regatas a lo largo del año, concentraciones con competidoras de otros países y así hasta cuidar cada detalle.  

Con la seguridad de haber hecho “los deberes” y haber entrenado como ella piensa que es lo correcto, salió en las primeras dos mangas. En la primera, después de una primera ceñida sin encontrar su sitio en la flota, pensó que era momento de remontar, que había entrenado demasiado como para dejar peder la oportunidad. Así, comenzó a subir posiciones hasta alcanzar la novena plaza a falta del último largo, donde en un mano a mano con las dos mejores estadounidenses, Anna Tunnicliffe y Paige Raley, llegó en foto finish logrando el undécimo puesto (11). Un muy buen arranque. 

En la segunda manga, tras una salida complicada en la que tuvo que maniobrar rápidamente nada más sonar la bocina de inicio, se alió con el compás y recorrió las azules costas de Estoril y Cascais (dos ciudades unidas por el mar), llegando hasta la octava plaza final (8) con una agradable sensación de satisfacción y con ganas de comenzar el segundo día de competición. 

Todo fue real. Y aunque lo que sucedió después también lo fue, entra dentro de lo ilógico en un deporte que quiere crecer, que quiere ser respetado. Y es que, al llegar a tierra, en las clasificaciones, Alicia Cebrián figuraba con un “BFD” (bandera negra) en su primera regata. Nada que objetar a una decisión tomada por el comité en el momento de la salida y que se ha de aceptar sin discusión alguna. Pero a partir de ese momento, lo tristemente real se fue encadenando desde las 16:54 horas, tiempo de publicación de la primera clasificación hasta las… ¡11:15 horas del día siguiente!, momento en que se desestimó la protesta que Alicia hizo contra el comité, por cambiarle el “BFD” por un “DNE” (no descartable durante el campeonato).  

En todo ese tiempo, en lugar de preocuparse única y exclusivamente en rehidratarse, recargar fuerzas y descansar para estar a punto a día siguiente para el duro campo de regatas de Cascais, Alicia pasó el tiempo redactando protestas, sentada en el hall de un hotel hasta las 23:45 horas y preparando la audiencia con los miembros del comité mientras veía cómo todo el trabajo de un año se le escapaba como arena entre los dedos por un error ajeno a ella. Un error que los “señores jueces de la regata” no quisieron reconocer, y que se originó al situar en la boya de barlovento una pizarra del tamaño de un “Din-A3” con los números de vela de las laseristas penalizadas con bandera negra, imposibles de leer por su ridículo tamaño, si se quiere al mismo tiempo no parar el barco y desviarse del trazado lógico al tomar una boya.

Tal fue el error del comité que ninguna de un total de diez regatistas consiguieron identificar o la lancha donde estaba la pizarra (rodeada por más de 30 embarcaciones de los entrenadores), o los números de vela que en ella aparecían. Una situación que lleva a plantearse, al comienzo de un Campeonato del Mundo, si con este tipo de acontecimientos se piensa realmente en el regatista como único protagonista de la competición. De no ser así, cualquier deporte que tenga como “jefes” a los que no realizan el esfuerzo, a los que no entrenan y se dejan las horas preparándose, ilusionándose para un gran evento, tiene un mal futuro en un mundo en el que se busca al ídolo, al “crack”, a la imagen que situar como ejemplo. Y un árbitro nunca puede ser la imagen, el icono de un deporte, aunque en la vela muchos miembros del comité lo intenten. 

Con esa losa de cincuenta y cinco puntos (55) encima, salió ayer Alicia a navegar. Pesó tanto que en su primera regata tomó demasiadas precauciones en la salida, arrancando tarde y condicionando así el resto del recorrido que finalizó en el puesto cuarenta y cinco (45). En la segunda parte las cosas mejoraron y, si bien en la salida volvió a ser cauta, remontó durante cada tramo hasta situarse en el puesto trece (13) a mitad de la última popa, posición que ya no abandonó hasta el final de la regata.  

Eso sí, los que también trataron de remontar la situación, por supuesto sin aceptar su error de la primera jornada, fueron los miembros del comité, que ayer, tras el desastre ocasionado el primer día, colocaron en barlovento una lancha con una pizarra, esta vez de más de metro y medio, avisando con un verdadero bocinazo a cada embarcación y con números que se podían leer a la perfección sin detener el barco durante la regata.  

Real sí real. Todo el trabajo de un año dependiendo de una pizarra casi invisible en la primera regata de campeonato. Real que diez regatistas no sean suficientes para que un comité reconozca un error. Real que diez competidoras deban dejar sus horas de necesario descanso para dedicarlas a derrochar energía en defenderse de una injusticia cometida sobre ellas para al final, seguir siendo “acusadas de incumplir el reglamento”. Real, tristemente real.